Los momentos sencillos (escrito 19 Agosto 2016, no publicado previamente)

Silencio. Son las nueve de una mañana de un bello día de finales de verano.

Tumbada en la playa sobre una manta que me regaló alguien que marchó dejando su huella en forma de mandala.

Quietud, que tímidamente rompen las olas del mar una y otra vez al acercarse a la orilla.

Mi piel recibe con satisfacción a un tibio sol que a estas horas aún no calienta lo suficiente.

Recostada de un lado en la extensa manta noto la agradable sensación del viento, que pasa veloz a ambos lados de mi cuello, moviéndome el pelo.

El canto matinal de los pájaros se oye de lejos mientras suenan también distantes las campanas de la iglesia de Pineda de Mar.

Noto el tacto granulado de la arena con la que juegan mis pies mientras veo llegar a la playa y dirigirse en dirección hacia mi a los primeros turistas.

Su música de rap irrumpe con gran estrépito invadiendo el precioso silencio y distrayéndome de ese lugar dentro de mi donde encuentro una felicidad a la que no le sobra ni le falta nada.

A medida que el tiempo avanza noto con agrado como los rayos del sol tocan mi piel con más intensidad y calientan también ese lugar de sencillez oculto en mí tantas veces por nubes de pensamientos y emociones.

Juicios, ideas, planes, razonamientos, impresiones, agitaciones, temores, inquietudes que lo contaminan todo y no nos dejan estar presente en los momentos sencillos.

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